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lunes, 20 de diciembre de 2010

El Rey Egoista

- No importa lo que suceda o cuantas cabezas deba pisar, salvaré mi honor y todos reverenciarán mi nombre.-

El rey egoísta





¿Honor? Era una mascara; una falsa palabra que encubría el terror de sus actos y los peores sentimientos de un rey soberbio.

Así había comenzado el reinado este hombre. Era tan fuerte su deseo de ser único que ya comenzaba a creer en sus mentiras.

Llevó la mejor vida que podía desear cualquier persona. Pero aun así, ya comenzaba a quedarse solo.

No ambicionaba mas poder del que ya tenia, buscaba gobernar por medio del miedo. No buscaba mas oro y plata de la que ya había obtenido. Él solo quería trasformarse en el
dios amado, respetado, temible y poderoso de todo su reino. Quería
ser el centro de la vida de todos, sin importar el costo.

Pesaba que amar era ser poco hombre, llorar era cosa de los cobardes, suponía que la humildad era lo que caracterizaba a un débil. Odiaba decir la verdad por miedo de ser el burlado.

Por esos miedos y pensamientos, solo dedicaba su vida a imponer lo que él quería. Olvidó que la vida a veces presenta giros: “haz lo que esperas que te hagan”.

Empezaba a vivir las consecuencias de sus actos.

Su rostro cambiaba de color, largas barbas de color blanco colgaban de su cara. Su piel parecía un tapizado barato que dibujaba su amargura. Su mirada azul desapareció,
solo miraba de reojo para no mostrar que por dentro Él había quedado vacío.

Murió en aquel lujoso castillo húmedo y frío en la cúspide de la montaña mas alta. Al parecer se ahogó en su soledad. Ya no tenia a nadie a quien pudiese gobernar, no pudo
gobernar ni a su vejez ni su egoísmo. Nunca aprendió a gobernarse.

Fue encontrado mucho tiempo después, muerto en su castillo, sentado en su trono y con su cuello aún todavía erguido.







Rodrigo Carabajal

Todos los derechos Reservados por el autor.

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